La leyenda del tambor

Todos los monitos tenían la idea de que querían llegar a la luna, pero no tenían manera de hacerlos sin la ayuda de alguien más porque los pájaros por lo menos podían volar, pero ellos en cambio lo máximo que podían hacer era trepar y ninguno alcanzaba tan alto. Lo que se les ocurrió a estos monos fue hacer una fila para arriba, de modo que uno sobre otro tarde o temprano llegarían a la luna y lo que no pensaron es que los de abajo en algún momento no soportarían más el peso y se caería toda la gran torre que habían formado, pero para fortuna de los monos, el que estaba más alto de todo pudo sostenerse de la parte inferior de la luna cuando todos cayeron.

La hermosa luna se sintió muy contenta con la visita de este monito que además le pareció muy simpático, nadie la iba a visitar nunca y ahora llegaba entonces un mono que se colgaba de su cola, lo subió rápido y le entregó un tambor para que toque, en ese momento no existían los tambores, ni se sabía que servían para tocar música, pero todos los siguientes meses la luna le estuvo enseñando como se tocaba, luego llegó el tiempo de volver a su casa que lo haría con el regalo de la luna.

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La luna lo ayudó a bajar con una soga que tiró desde su cola hasta la tierra, pero le dijo que si llegaba a tocar el tambor en el camino cortaría la soga, así fue como el monito no se aguantó las ganas y comenzó a tocar una música en medio del camino que retumbó en todo el espacio, la Luna entonces cortó la soga y el monito cayó en caída libre rompiendo algunos de sus huesos, una mujer muy humilde de una tribu africana lo encontró y así también su tambor, luego de escucharlo, los indígenas comenzaron a crear imitaciones lo más parecidas posibles a este tambor que la luna había dado en modo de obsequio al monito.