Mito de casandra

Casandra, inmortalizada en la Ilíada de Homero, ha sido una de las narraciones más repetidas a través de los años y forma parte de la mitologia griega que colocan a dioses y humanos a pactar por poder.

De la unión de Hécuba y Príamo, reyes de Troya, nacieron un par de gemelos, Heleno y Casandra. Hermosos ambos y con un par de dones que desafiarían las capacidades humanas de la época y que ocasionarían varios acontecimientos clave en los años venideros.

Casandra y Apolo

Según el mismo Homero, Casandra enamoró de primera vista al dios Apolo (dios del sol) y éste sabiéndose todo poderoso se presentó ante la princesa troyana con un pacto de deseo y poder.
El dios del sol le propuso a la chica que se entregara a él a cambio del don de predecir el futuro a través de perfectas e inequívocas premoniciones. La troyana, tras días de pensar la proposición decidió engañar a al dios aceptando el trato no pagando su parte del mismo.

Apolo ofendido por el engaño y humillado por el rechazo se vengó de la troyana con una estrategia muy usada por sus hermanos del Olimpo. No eliminó el don que le dio a Casandra, pero la maldijo con cero credibilidad, ningún humano creería nada de lo que ésta troyana dijera mientras no cumpliera con su parte del pacto.

Troya

Casandra probó el amargo sabor de la maldición olímpica al intentar prevenir a su padre de Aquiles y Odiseo. Tras la llegada de Helena a la ciudad al lado de Paris, intentó persuadir a Héctor y a su padre de que ella sería la tormenta que ahogaría Troya.

Lo mismo ocurrió antes de la batalla entre Héctor y Aquiles y también cuando le imploró a su padre que no metiera la supuesta ofrenda de los dioses a la ciudad, pues sería su perdición.

Tras todo lo vivido Agamenón se hizo con ella en el saqueo y se la llevó a Grecia donde murió a manos de la esposa del conquistador griego.